domingo, 25 de noviembre de 2018

Plantando árboles reduces tu huella de carbono

¿Conoces cuál es tu huella de carbono? ¿Estás dentro de la media? El primer paso para poder reducir nuestra huella de carbono es medirla. Por ejemplo, la huella de carbono de una familia de 3 miembros, con una vivienda con dos habitaciones, que hace uso de vehículo privado para recorrer 10.000 km y, por ejemplo, realiza un viaje en avión de ida y vuelta Madrid París es de 4.807,15 kg COal año. La huella de carbono permite modificar los hábitos de consumo de energía, de productos, de movilidad, etc. para conseguir reducir al máximo las emisiones de CO2 asociadas a nuestra vida cotidiana. Tienes a tu disposición herramientas online para calcular tu huella de carbono, por ejemplo, las calculadoras que ofrece CeroCO2 o la de Carbonfootprint.
Ten en cuenta también que los árboles actúan como sumideros de carbono, es decir, retienen el CO2. Por ello, apoyar medidas que eviten la deforestación de los bosques o impulsen la plantación de nuevos árboles, en especial de especies autóctonas, contribuye a reducir el exceso de CO2 en la atmósfera reduciendo tu huella de carbono. Cada especie tiene una capacidad de absorción de CO2 diferente, estos son algunos ejemplos por árbol teniendo en cuenta un periodo de 30 años:
  • Castaño (castanea sativa): 150 kg COpor árbol.
  • Pinus radiata: 1,15 t COpor árbol.
  • Pinus pinaster: 550 kg COpor árbol.
  • Plátano de sombra (platanus hispanica): 650 kg COpor árbol.
  • Encina (querqus ilex): 150 kg COpor árbol.
  • Pinus sylvestris: 100 kg COpor árbol.
Busca proyectos e iniciativas que promueven la plantación de árboles y colabora con ellas. Participa en jornadas de voluntariado y planta tus propios árboles. En tu entorno más cercano podrás encontrar organizaciones, administraciones públicas o empresas que promueven este tipo de iniciativas.
Ten en cuenta también que  puedes compensar tus emisiones de CO2 con la aportación voluntaria de una cantidad económica, proporcional a las emisiones generadas, en un proyecto que absorbe una cantidad de toneladas de CO2 equivalente a la generada en nuestra actividad. Fuente: Comunidad #PorElClima

martes, 13 de noviembre de 2018

La principal causa de la pérdida de bosques

Nos estamos comiendo el planeta a bocados. Según un informe de la organización ecologista WWF, la agricultura industrial es una de las principales causas del calentamiento global.

"Es una de las principales fuentes de gases de efecto invernadero y la principal causa de la pérdida de bosques", asegura Eva Hernández, responsable de Agricultura de 'WWF España'. Selvas y bosques arden cada día emitiendo CO2 para dejar el terreno libre al monocultivo. 
La producción de soja en el Amazonas o el cultivo de palma en Indonesia para obtener aceite están arrasando las selvas del mundo. Los ecologistas denuncian que las empresas de agricultura intensiva consumen un gran volumen de recursos para mantener sus producciones: agua, energía y, sobre todo, agroquímicos.
"El 40% de la producción de fertilizantes del planeta está en manos de una empresa, el 50% de la producción de pesticidas está en manos de cuatro, el 35% de la producción de semillas está en manos de una sola empresa que al mismo tiempo es productora de pesticidas", denuncia Eva Hernández.
Esta concentración de la producción de alimentos también se refleja en la distribución de la comida. Se produce mucho a costa de la naturaleza, pero para muy pocos. "Con los alimentos que producimos en la actualidad tenemos más que suficiente para alimentar a 9.000 millones de personas y para terminar con la pobreza", asegura el director de Conservación de 'WWF España', Enrique Segovia.
En España, WWF asegura que la agricultura industrial ilegal está detrás de la sequía de los acuíferos de Doñana. En total, podría haber más de 1.700 balsas de riego, que reducen la biodiversidad, de un entorno natural único.                 Fuente: WWF

martes, 30 de octubre de 2018

Prohiben los eucaliptos

Varios ayuntamientos gallegos prohiben los eucaliptos en sus bosques: "En Australia lo llaman el árbol gasolina"

Una medida para frenar su proliferación frente a las especies autóctonas y evitar la rápida propagación de los incendios. El eucalipto es la base del negocio forestal en la comunidad gallega y genera 70.000 puestos de trabajo directos.

Hartos de ver los montes gallegos colonizados por eucaliptos, varios ayuntamientos han declarado el veto a nuevas plantaciones.
"Me parece que lo más lógico es defender el árbol autóctono y defender nuestros bosques como fueron toda la vida", dice Luís Fernández, alcalde de Sober, en Lugo.
Quieren preservar el paisaje con especies autóctonas y también evitar incendios. El eucalipto es de combustión fácil y explosiva. "Los australianos lo saben de primera mano, allí lo llaman 'the gasoline tree', el árbol de gasolina", apunta Fins Freixas, de la Asociación para a Defensa Ecolóxica de Galicia.
Pero crece muy rápido y se vende antes que otras especies. "El 3,5% del PIB de Galicia proviene del sector forestal, estamos hablando de más de 70.000 puestos de trabajo directos", señala Santiago García Sánchez, Decano Colegio Oficial de Ingenieros Ténicos forestales de Galicia.
Allí donde se ha plantado coloniza el terreno. En fincas se talaron los eucaliptos hace tres años, pero ya ha rebrotado una nueva generación de forma espontánea y algunos superan ya superan los tres metros de altura. Las 600.000 hectáreas plantadas en Galicia ya duplican lo autorizado para el año 2032. "Tampoco vale de nada sacar un ordenamiento jurídico si luego no se desarrolla, no se implementa y no se hace cumplir", puntualiza García Sánchez.
Vivir sin eucaliptos es posible, como en Sober, Lugo, donde plantan pinos pero cumplen la ley a rajatabla. "Así obtenemos todos los años una rentabilidad y para conservar el medio natural", declara Susana Pérez, presidenta de la Comunidad de Montes Bomente en Sober.
Demasiados eucaliptos hacen caer su precio y también tapan el bosque.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Dos años sobre un árbol

Cuando Colón pisó América por primera vez, Luna (una secuoya de 60 metros de altura) tenía ya 500 años. El 10 de diciembre de 1997 cuando su tronco sobrepasaba los 1000 anillos, el destino y una motosierra se cruzaron en su cepa. Julia Butterfly Hill, una activista de 23 años, decidió interrumpir lo inevitable y encaramándose al árbol impidió la inminente tala. Pasó 738 días entre sus ramas y sin poner un solo pie en tierra obligó a la compañía maderera, tras durísimas negociaciones, a indultar el árbol y a todos sus hermanos cercanos.
 
“Nadie tiene derecho a robar al futuro para conseguir beneficios rápidos en el presente. Hay que saber cuándo tenemos suficiente…” Julia Butterfly Hill en su libro “El legado de Luna”
 
Luna es una de las milenarias secuoyas del bosque de la ciudad de Stanford en California. A finales de 1997 la Pacific Lumber Company irrumpió en la arboleda de 60 mil hectáreas para iniciar la deforestación de uno de los ecosistemas más importantes de la zona. Pero en su camino se topó con una tozuda mariposa.
 
Julia Butterfly Hill nació el 18 de febrero de 1974 en Arkansas. De familia muy humilde estudió en su casa hasta los 12 años. Su padre era un predicador itinerante y su casa una caravana que compartía con sus tres hermanos. La vida nómada y ambulante y la influencia paterna la educaron en la escasez y el pragmatismo.
 
Cuenta en su biografía que cuando era ya una adolescente, en una de las asiduas caminatas por la naturaleza con su familia, una mariposa aterrizó en su hombro y permaneció con ella durante todo el trayecto… metáfora de la aventura de su vida sirvió también para acompañar su nombre para el resto de sus días…
 
Pero fue con 22 años y una experiencia traumática a modo de grave accidente de tráfico lo que convirtió a Julia en la activista verde que conmocionó a un país entero. El percance dejó graves secuelas cerebrales que requirieron un lento proceso y terapia intensiva. La proporción y el valor del tiempo cambiaron para siempre en Julia que dedicaba sus largas horas de rehabilitación a la contemplación subversiva de los fastuosos bosques Californianos. La crisálida dejó paso entonces a la mariposa.
 
“Me adentré en el bosque y por primera vez experimenté lo que significa de verdad estar vivo. Entendí que yo formaba parte de aquello. Poco después supe que la Pacific Lumber Maxxam Corporation estaba talando esos bosques y mi confusión fue total. Contacté con la asociación Earth First, que hacía sentadas en los árboles para impedir su tala. Así conocí a “Luna”…”
 
La vida en el árbol fue muy dura y cambió por completo a Julia. La idea era estar dos semanas hasta el relevo de un compañero. Pero éste nunca se produjo. Un pequeño equipo le suministraba con cuerdas y poleas los víveres necesarios para la travesía, incluyendo unos pequeños paneles solares para cargar el móvil con el que organizaba las entrevistas, captar adeptos para la causa o incluso hablar en directo con el senado norteamericano. Su pequeño hogar, a 50 metros de altura, consistía en una plataforma de 3 metros cuadrados cubierta por una lona impermeable, un pequeño hornillo, un cubo con una bolsa hermética para hacer sus necesidades y una esponja con la que recogía el agua de lluvia o nieve para lavarse.
 
- “[…] Sí, la Pacific Lumber comenzó entonces a talar árboles a mi alrededor. Aparecieron helicópteros que me echaban chorros de agua. Quemaron los bosques durante seis días, el humo destrozó mis ojos y mi garganta, y me llené de ampollas. Luego montaron guardias día y noche para que no me pudieran suministrar comida. Acabe amargada, chillando, dando golpes, al borde de la locura. […] Para consolarme pensaba en las familias de Stanford que a causa de la tala del bosque se inundaron y se quedaron sin casa… “ Julia Butterfly Hill . Entrevista para ‘La vanguardia’

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Misterio tras la muerte de los Baobabs

Los baobabs africanos se mueren y el motivo es un misterio

Los científicos están desconcertados y barajan el cambio climático como principal motivo de la muerte de los baobabs más viejos.
El baobab (Adansonia) es el símbolo verde más icónico de la sabana africana, es un árbol de enormes proporciones de flores efímeras y frutos carnosos de distintas formas, con una cáscara peluda. Los baobabs son diferentes a cualquier otro árbol y parecen plantados al revés.
 

Estos magníficos y extraordinarios árboles se están muriendo masivamente. Desde hace una década los baobabs africanos, sobre todo los más antiguo, se mueren. Así lo advierte un grupo de investigadores en Nature Plants, donde barajan como motivo principal el cambio climático.

Estos científicos de Sudáfrica, Rumania y Estados Unidos han descubierto que los más grandes y antiguos ejemplares de esta especie, algunos de entre 1.000 y 2.500 años de antigüedad, han muerto en los últimos 12 años.

”Es muy sorprendente visitar baobabs monumentales, con edades superiores a mil o dos mil años, que parecen estar en buen estado de salud, y encontrarlos después de varios años caídos al suelo y muertos”, explica el coautor del estudio Adrian Patrut, de la Universidad Babes-Bolyai de Rumania.

”Estadísticamente, es prácticamente imposible que una cantidad tan grande de viejos y grandes baobabs mueran en un período de tiempo tan corto debido a causas naturales”, añade Patrut.

Un descubrimiento triste e inesperado

El estudio, que comenzó en 2005, buscaba datar con carbono estos árboles en África continental para determinar su estructura y edad. A diferencia de otros árboles como las secuoyas o los robles, con los baobabs no se puede datar su antigüedad simplemente contando sus anillos de crecimiento; a medida que los baobabs crecen, sus anillos se desvanecen o se borran.

Sin embargo, cuando llegaron hasta Zimbabue, Namibia, Sudáfrica, Botsuana y Zambia para analizarlos descubrieron que ocho de los 13 baobabs más antiguos y cinco de los seis más grandes habían muerto o habían perdido sus partes más viejas.

Entro los baobabs moribundos hay árboles conocidos que se han hecho famosos por su tamaño o arquitectura natural, como el Baobab Sunland, así como el sagrado baobab Panke, un árbol gigante en Namibia llamado Grootboom, y el baobab Chapman de Botswana.
 












Patrut asegura que, aunque es un pequeño conjunto de datos, la tendencia es alarmante. Pero lo que tiene más desconcertados a estos científicos es que todavía no han podido encontrar una explicación para la muerte de algunos de estos árboles, considerados entre los más antiguos del mundo.

La principal teoría: el cambio climático.

Pese al misterio, los científicos valoraron algunas teorías que apuntan más a la acción humana que a efectos de plagas, epidemias u otras enfermedades vegetales conocidas.
 

 
”Sospechamos que esto está asociado con el aumento de la temperatura y la sequía, con modificaciones significativas de las condiciones climáticas que afectan al sur de África en particular”, indica Patrut.

Además de estos árboles tan antiguos, el equipo también ha observado que otros baobabs grandes están muriendo a un ritmo muy acelerado, particularmente en áreas donde el clima se está calentando más rápidamente.
 
Sin embargo, este grupo de científicos reconoce que no existen evidencias claras al respecto. “Se necesita más investigación para apoyar o refutar esta suposición”, agrega Patrut.

Aunque se necesita hacer más trabajo para conectar definitivamente los puntos entre el cambio climático y la mortalidad de los baobab, otro estudio publicado en Biological Conservation, ya ha concluido que el cambio climático dañará dos de las tres especies de baobabs en peligro en la isla de Madagascar