miércoles, 3 de octubre de 2018

Dos años sobre un árbol

Cuando Colón pisó América por primera vez, Luna (una secuoya de 60 metros de altura) tenía ya 500 años. El 10 de diciembre de 1997 cuando su tronco sobrepasaba los 1000 anillos, el destino y una motosierra se cruzaron en su cepa. Julia Butterfly Hill, una activista de 23 años, decidió interrumpir lo inevitable y encaramándose al árbol impidió la inminente tala. Pasó 738 días entre sus ramas y sin poner un solo pie en tierra obligó a la compañía maderera, tras durísimas negociaciones, a indultar el árbol y a todos sus hermanos cercanos.
 
“Nadie tiene derecho a robar al futuro para conseguir beneficios rápidos en el presente. Hay que saber cuándo tenemos suficiente…” Julia Butterfly Hill en su libro “El legado de Luna”
 
Luna es una de las milenarias secuoyas del bosque de la ciudad de Stanford en California. A finales de 1997 la Pacific Lumber Company irrumpió en la arboleda de 60 mil hectáreas para iniciar la deforestación de uno de los ecosistemas más importantes de la zona. Pero en su camino se topó con una tozuda mariposa.
 
Julia Butterfly Hill nació el 18 de febrero de 1974 en Arkansas. De familia muy humilde estudió en su casa hasta los 12 años. Su padre era un predicador itinerante y su casa una caravana que compartía con sus tres hermanos. La vida nómada y ambulante y la influencia paterna la educaron en la escasez y el pragmatismo.
 
Cuenta en su biografía que cuando era ya una adolescente, en una de las asiduas caminatas por la naturaleza con su familia, una mariposa aterrizó en su hombro y permaneció con ella durante todo el trayecto… metáfora de la aventura de su vida sirvió también para acompañar su nombre para el resto de sus días…
 
Pero fue con 22 años y una experiencia traumática a modo de grave accidente de tráfico lo que convirtió a Julia en la activista verde que conmocionó a un país entero. El percance dejó graves secuelas cerebrales que requirieron un lento proceso y terapia intensiva. La proporción y el valor del tiempo cambiaron para siempre en Julia que dedicaba sus largas horas de rehabilitación a la contemplación subversiva de los fastuosos bosques Californianos. La crisálida dejó paso entonces a la mariposa.
 
“Me adentré en el bosque y por primera vez experimenté lo que significa de verdad estar vivo. Entendí que yo formaba parte de aquello. Poco después supe que la Pacific Lumber Maxxam Corporation estaba talando esos bosques y mi confusión fue total. Contacté con la asociación Earth First, que hacía sentadas en los árboles para impedir su tala. Así conocí a “Luna”…”
 
La vida en el árbol fue muy dura y cambió por completo a Julia. La idea era estar dos semanas hasta el relevo de un compañero. Pero éste nunca se produjo. Un pequeño equipo le suministraba con cuerdas y poleas los víveres necesarios para la travesía, incluyendo unos pequeños paneles solares para cargar el móvil con el que organizaba las entrevistas, captar adeptos para la causa o incluso hablar en directo con el senado norteamericano. Su pequeño hogar, a 50 metros de altura, consistía en una plataforma de 3 metros cuadrados cubierta por una lona impermeable, un pequeño hornillo, un cubo con una bolsa hermética para hacer sus necesidades y una esponja con la que recogía el agua de lluvia o nieve para lavarse.
 
- “[…] Sí, la Pacific Lumber comenzó entonces a talar árboles a mi alrededor. Aparecieron helicópteros que me echaban chorros de agua. Quemaron los bosques durante seis días, el humo destrozó mis ojos y mi garganta, y me llené de ampollas. Luego montaron guardias día y noche para que no me pudieran suministrar comida. Acabe amargada, chillando, dando golpes, al borde de la locura. […] Para consolarme pensaba en las familias de Stanford que a causa de la tala del bosque se inundaron y se quedaron sin casa… “ Julia Butterfly Hill . Entrevista para ‘La vanguardia’

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Misterio tras la muerte de los Baobabs

Los baobabs africanos se mueren y el motivo es un misterio

Los científicos están desconcertados y barajan el cambio climático como principal motivo de la muerte de los baobabs más viejos.
El baobab (Adansonia) es el símbolo verde más icónico de la sabana africana, es un árbol de enormes proporciones de flores efímeras y frutos carnosos de distintas formas, con una cáscara peluda. Los baobabs son diferentes a cualquier otro árbol y parecen plantados al revés.
 

Estos magníficos y extraordinarios árboles se están muriendo masivamente. Desde hace una década los baobabs africanos, sobre todo los más antiguo, se mueren. Así lo advierte un grupo de investigadores en Nature Plants, donde barajan como motivo principal el cambio climático.

Estos científicos de Sudáfrica, Rumania y Estados Unidos han descubierto que los más grandes y antiguos ejemplares de esta especie, algunos de entre 1.000 y 2.500 años de antigüedad, han muerto en los últimos 12 años.

”Es muy sorprendente visitar baobabs monumentales, con edades superiores a mil o dos mil años, que parecen estar en buen estado de salud, y encontrarlos después de varios años caídos al suelo y muertos”, explica el coautor del estudio Adrian Patrut, de la Universidad Babes-Bolyai de Rumania.

”Estadísticamente, es prácticamente imposible que una cantidad tan grande de viejos y grandes baobabs mueran en un período de tiempo tan corto debido a causas naturales”, añade Patrut.

Un descubrimiento triste e inesperado

El estudio, que comenzó en 2005, buscaba datar con carbono estos árboles en África continental para determinar su estructura y edad. A diferencia de otros árboles como las secuoyas o los robles, con los baobabs no se puede datar su antigüedad simplemente contando sus anillos de crecimiento; a medida que los baobabs crecen, sus anillos se desvanecen o se borran.

Sin embargo, cuando llegaron hasta Zimbabue, Namibia, Sudáfrica, Botsuana y Zambia para analizarlos descubrieron que ocho de los 13 baobabs más antiguos y cinco de los seis más grandes habían muerto o habían perdido sus partes más viejas.

Entro los baobabs moribundos hay árboles conocidos que se han hecho famosos por su tamaño o arquitectura natural, como el Baobab Sunland, así como el sagrado baobab Panke, un árbol gigante en Namibia llamado Grootboom, y el baobab Chapman de Botswana.
 












Patrut asegura que, aunque es un pequeño conjunto de datos, la tendencia es alarmante. Pero lo que tiene más desconcertados a estos científicos es que todavía no han podido encontrar una explicación para la muerte de algunos de estos árboles, considerados entre los más antiguos del mundo.

La principal teoría: el cambio climático.

Pese al misterio, los científicos valoraron algunas teorías que apuntan más a la acción humana que a efectos de plagas, epidemias u otras enfermedades vegetales conocidas.
 

 
”Sospechamos que esto está asociado con el aumento de la temperatura y la sequía, con modificaciones significativas de las condiciones climáticas que afectan al sur de África en particular”, indica Patrut.

Además de estos árboles tan antiguos, el equipo también ha observado que otros baobabs grandes están muriendo a un ritmo muy acelerado, particularmente en áreas donde el clima se está calentando más rápidamente.
 
Sin embargo, este grupo de científicos reconoce que no existen evidencias claras al respecto. “Se necesita más investigación para apoyar o refutar esta suposición”, agrega Patrut.

Aunque se necesita hacer más trabajo para conectar definitivamente los puntos entre el cambio climático y la mortalidad de los baobab, otro estudio publicado en Biological Conservation, ya ha concluido que el cambio climático dañará dos de las tres especies de baobabs en peligro en la isla de Madagascar



miércoles, 29 de agosto de 2018

Ciclismo vs Árboles

Torremolinos corta 300 árboles por el paso de La Vuelta a España

Se trata de una especie de ficus que ha sido eliminada por «motivos estéticos»; la acción se tacha de «desastre ecológico» para lucir unos cuantos minutos
 
El pasado lunes, La Vuelta discurrió por varios municipios de la Costa del Sol. Salió de Mijas y acabó en Alhaurín de la Torre, donde llegó a través de Torremolinos. En ese municipio, que era el último antes de encarar la recta final de la etapa, el Ayuntamiento cortó 300 árboles por «motivos estéticos». Se trata de unos ficus enanos que estaban colocados en la avenida de La Libertad. Se suplantaron por unos macetones que el mismo lunes por la noche, tras el paso de los ciclistas, fueron retirados. Los árboles fueron llevados a una zona destinada del municipio donde se están triturando.
 
La especie talada eran ficus benjamina y que tenían una antigüedad de unos 15 años. De hecho,  esta parte del municipio se llama «Benjamina», debido a la presencia de estos árboles de pequeño tamaño, de algo más de un metro de altura.
 
«Motivos estéticos»
 
El Consistorio quiso contestar a la polémica alegando primero que «eran arbustos que estaban enfermos» y por eso se cortaron. Según el gobierno municipal estos árboles estaban generando problemas en la zona, ya que «no se encontraban plantados ni en una localización adecuada, ni a la profundidad conveniente». «Esto ha provocado que sus raíces se hayan extendido en superficie, provocando además la rotura del sistema de riego, mientras se ha ido deteriorando su propio estado, llegando a secar parte o la totalidad de la planta».
 
Sin embargo, reconoce que «la retirada se ha adelantado por motivos estéticos de cara a La Vuelta Ciclista que el lunes 27 de agosto discurrió en parte por el municipio».
 
 

martes, 7 de agosto de 2018

Árboles muertos, negocio millonario

Los árboles muertos se han convertido en un negocio millonario en California.
 
Millones de árboles han muerto en los bosques de California en los últimos años. La principal responsable ha sido la sequía que por 5 años ha golpeado al estado y que ahora parece remitir. Otras causas han sido enfermedades y plagas como la que causa la muerte repentina del roble.
Pero esta tragedia ecológica tiene su lado positivo: el lucrativo negocio de retirar los troncos y cortar la leña.
 
El Servicio de Bosques de Estados Unidos había contabilizado 66 millones de árboles muertos y el estado necesitaba ayuda para retirarlos del terreno.
 
"Los árboles muertos o moribundos a lo largo de las autopistas del estado son un peligro, no sólo para la vía sino para los conductores y pasajeros. En medio de la noche no puedes ver esos troncos al lado de la carretera o quizá no veas cómo se caen.
 
"Además, suponen una amenaza de incendio. Por todas estas razones es importante que retiremos la mayor cantidad posible de árboles con los fondos que tenemos", añadió el Departamento de Transporte de California (CalTrans).
 
El problema se agravó y en 2016 el gobernador de California, Jerry Brown, aprobó un decreto de emergencia con el que destinó millones de dólares a la tala de árboles muertos.
 
El Servicio Forestal también invirtió millones de dólares para retirar árboles y troncos caídos, al igual que dos empresas de servicios: Southern California Edison y Pacific Gas and Electric. Estas compañías están preocupadas de que los árboles interfieran en los cables que suministran electricidad a miles de negocios y hogares.
 
"Hay que estar en buena forma física para trepar por los árboles y usar una motosierra seis o siete días a la semana". "Cortar leña es uno de los trabajos más peligrosos en Estados Unidos", se lee en un folleto de la Administración de Seguridad y Salud Laboral de EE.UU.
 
La situación es próspera no sólo para los nuevos empleados sino para los dueños de negocios inmobiliarios. Los trabajos son estables para los próximos años, pese a que la sequía en California parece estar en retirada con las lluvias de los últimos meses.
 
La escala de la devastación es sorprendente incluso para los trabajadores del Servicio Forestal y del Servicio Geológico de EE.UU.: son más de 32.000 kilómetros cuadrados de muerte en los bosques montañosos de California.
 
"Nos va a llevar meses y meses completar el trabajo, ya que los bichos siguen matando árboles", le dijo al diario estadounidense The Washington Post Len Nielson, empleado de Cal Fire, una oficina estatal que combate los incendios forestales.
 
Los incendios que se propagan entre árboles muertos son otra razón para retirarlos. "Esto no ha pasado nunca antes en California, no a este nivel", añadió Nielson. "En casa miro por la puerta de atrás y veo miles y miles de árboles muertos".

martes, 10 de julio de 2018

Países que gestionan bien los bosques

Una vuelta al mundo por algunos de los lugares que han conseguido hacer una gestión sostenible de sus bosques y aumentar su producción agrícola sin reducir la superficie forestal.
 
Hay más de 20 países que han conseguido hacer una gestión sostenible ejemplar de sus bosques y que, a ojos de la FAO, son casos de éxito. Son aquellos que entre 1990 y 2015 consiguieron el difícil equilibrio de aumentar la producción agrícola sin disminuir sus terrenos forestales. Estos son algunos de ellos:
 

Costa Rica

Nuestro primer viaje nos lleva a las verdes tierras de Costa Rica que, con un territorio que representa menos del 1% del planeta, alberga alrededor del 4% de toda la biodiversidad conocida en el mundo. Costa Rica posee bosque seco, páramo, bosque húmedo, selva virgen y manglar, repartidos en 169 áreas protegidas. Pero por debajo de la imagen paradisíaca, la explotación del medioambiente y el aumento desrnfrenado de la actividad turística hicieron que en la década de los cincuenta y hasta los noventa los índices de deforestación se situaran entre los más altos del mundo.

Chile

Seguimos en América Latina, pero ahora aterrizamos en Chile, en la provincia de Osorno, donde los mapuches, los indígenas que desde tiempos ancestrales habitan estas tierras, mantienen una relación muy estrecha con la naturaleza. Ellos se consideran parte de la tierra, no dueños de ella, y por eso la cuidan y la respetan.

Gambia

Cambiamos de continente y de los bosques nativos de Chile llegamos a Gambia, el país más pequeño del África continental, con una superficie equivalente a la de la región de Murcia (10.000 kilómetros cuadrados). Como en el caso de Costa Rica, la elevada deforestación y la transformación de los bosques en sábanas de arbustos obligó a la Administración a cambiar las políticas forestales para que el efecto no fuese irreversible. Ello tenía una base lógica: la mayoría de los gambianos vive cerca de los bosques y subsiste gracias a sus recursos.

Ghana

Seguimos en África, y de Gambia pasamos a Ghana, bañado por las aguas del Océano Atlántico y con más de 200 reservas forestales llenas de bosques considerados sagrados por la población. Ghana, con una meta de crecimiento de la producción agrícola del 6%, basó su modelo en mejorar el acceso a los alimentos de la población gracias a unas inversiones que han duplicado la productividad de los cultivos, en lugar de basarse en la expansión de la tierra.

Georgia

Continuamos la vuelta al mundo y volvemos a saltar de continente para hacer ahora parada en Georgia, un país situado en el límite entre Europa y Asia, y donde se encuentra una biodiversidad sorprendente que engloba más de 400 especies de árboles y arbustos. Su belleza paisajística fue admirada por escritores como Alejandro Dumas y León Tolstoi, pero la deforestación terminó arrasando con ese paisaje de ensueño y secó los suelos fértiles.

Túnez

Llegamos a Túnez y su bosque mediterráneo, mucho más seco que el de España, con una baja producción maderera y muy vulnerable al fuego. Como en casos anteriores, este modelo ha apostado por poner en el centro de las políticas al hombre y su relación con el bosque. No ha sido fácil: tradicionalmente en Túnez los habitantes de los bosques han sido vistos como obstáculos hacia un desarrollo más sostenible por culpa de las prácticas dirigidas a favorecer su subsistencia.

Vietnam

Avanzamos ahora por territorio asiático y hacemos una última parada en el bosque de Dong Bu, un espacio de 250 hectáreas situado en Vietnam, donde un grupo de familias muy unidas al bosque recibe formación sobre métodos de cultivo y protección del entorno. Después de dicho entrenamiento, las familias tienen derecho a usar el bosque y la tierra, pero también están obligadas a firmar con las autoridades un documento por el que se comprometen a cuidar de la zona.
Fuente y noticia completa en: El País