viernes, 9 de diciembre de 2016

Árboles luminosos

Árboles luminosos para sustituir las farolas en las calles de las ciudades


Cuenta la mitología budista que un día, alrededor del siglo V antes de nuestra era, Sidarta Gautama se sentó bajo una higuera una noche de luna llena y prometió no levantarse hasta alcanzar el Nirvana. Permaneció en la misma postura durante 49 días con sus noches. Cuando abrió los ojos se había convertido en un iluminado (un buda) y estaba tan agradecido a aquel “ficus religiosa” por haberle dado cobijo que permaneció una semana entera mirando sus ramas en señal de respeto y admiración. En el caso del Buda la luz llegó de su interior -una iluminación metafórica- pero Antony Evans, fundador de Glowing Plants, quiere que esa luz tenga una dimensión física y que provenga de las plantas.

La idea de conseguir que algunas especies vegetales brillen en la oscuridad no es nueva. En los años 80 ya se consiguió al introducir encimas luciferinas provenientes de luciérnagas en algunas plantas. Los resultados, aunque llamativos, fueron modestos: había que fotografiar a la planta con una exposición de ocho horas para apreciar una tenue luminiscencia. Más adelante, en 2010, investigadores de la universidad Stony Brook modificaron genéticamente una planta de tabaco al transplantarle algunos genes de una bacteria marina productora de luciferina. Lo novedoso en el proyecto que lidera Evans es que diseñan las secuencias de ADN en un ordenador con un software especial, y después lo imprimen para inyectarlo con una pistola de genes.

Cualquiera puede conseguir una de estas semillas milagrosas a través de la web de Glowing Plants y hacer crecer una planta luminosa en casa. Incluso, si se atreve, probar sus propios experimentos, puesto que el ADN creado es de código abierto y, por lo tanto, modificable. Antony Evans y sus socios insisten en que su proyecto es la solución a un mundo que consume recursos de forma enloquecida, lo que llevará a quebrar los límites del planeta. La propia Naturaleza, afirman, tiene la respuesta a través de la bioluminiscencia, puesto que es una energía limpia, renovable y sostenible.

“Estamos, afirma Evans, entrando en una era en la que diseñar un organismo biológico será tan fácil como diseñar una aplicación móvil” por eso confía en que sus plantas podrán, en pocos años, servir para eliminar las farolas en las ciudades y sustituirlas por árboles luminosos.
Fuente: Antony Evans, CEO y cofundador de Glowing Plant

miércoles, 19 de octubre de 2016

El datador de árboles

En Santa Iria da Azóia ya crecía este olivo 800 años antes de Cristo. Es el ejemplar más viejo de Portugal, según lo garantiza José Luis Lousada, datador de árboles. Lousada pertenece al Centro de Investigación y Tecnología Agro Biológica de la Universidad de Tràs os Montes y Alto Duero. Desde hace unos años certifica la edad de viejos olivos con un margen de error del 2%, “una insignificancia cuando hablamos de miles de años”, explica.

Un día, André Soares dos Reis, propietario de Oliveiras Milenares, pensó que añadir un certificado de nasciturus aportaría valor a sus ejemplares. “Le dijimos que era imposible”, recuerda Lousada. “Los dos métodos clásicos no sirven para árboles huecos. El de recuento de anillos vale en especies con madera original; en el caso del carbono 14 se necesitan las células más viejas, y esas ya murieron. A partir de los 150 años, olivos y castaños pierden su primera materia”.

El empresario no aceptó la negativa y, ante la insistencia —y la promesa de sufragar los gastos—, Lousada y dos compañeros comenzaron a investigar. Fueron cinco años midiendo anillos de cientos de troncos. “Tuvimos la suerte de coincidir con la época de construcción de embalses y autopistas. Lo que sobraban eran árboles cortados”, recuerda.

El método —patentado a medias entre su universidad y Soares do Reis— es una fórmula matemática obtenida tras incluir cientos de variables, fundamentalmente los patrones de crecimiento. “Necesitábamos calcular el tiempo que una especie tarda en alcanzar una dimensión teniendo en cuenta el clima, la tierra, la latitud, la región, la especie...”. Muchos parámetros que las computadoras engullen y adaptan.

Obtenida la fórmula, sus resultados se compararon con pruebas de carbono 14 realizadas sobre los mismos olivos jóvenes. Coincidían. Al extrapolarla, en árboles de menos de 600 años el margen de error es del 1%; en los milenarios es de apenas 20 años.

El olivo portugués certificado como más longevo tiene una base de 9,21 metros de perímetro, y un pecho de 5,79; en medio hay un hueco que puede dar una falsa impresión. La madera murió, pero la salud del olivo, que Lousada fija en 2.854 años, es envidiable. Las ramas están cargadas de aceitunas y el exterior del tronco sigue creciendo, aunque poco.

domingo, 21 de agosto de 2016

Nuestro patrimonio más antiguo, está desapareciendo

Los árboles más grandes del planeta se desvanecen

La deforestación y el cambio climático están acabando con los ejemplares más antiguos de secuoyas, fresnos gigantes o baobab

Algunos de los árboles más grandes y viejos del mundo ya estaban en el planeta cuando la mayoría de los humanos vivía literalmente en la Edad de Piedra. Sin embargo, un abanico de acciones humanas, como la tala, la degradación de ecosistemas y ahora el cambio climático están acabando con los ejemplares más antiguos de secuoyas, eucaliptos de 100 metros o árboles tan mágicos como el baobab. Lo peor es que ya no existen las condiciones para que los ejemplares más jóvenes alcancen la altura y edad de sus antecesores.


Aunque hay muchas especies de árboles milenarios, solo unas pocas crecen durante siglos hasta alcanzar los 50, los 100 y hasta los 115 metros que superan algunos ejemplares de secuoya roja. No hay una categoría bien definida de lo que los botánicos llaman LOT, Large Old Trees (grandes árboles viejos, en inglés). Tampoco hay fijado un mínimo de altura o envergadura para determinar qué es un gran árbol. Un dato objetivo es el carácter central que juegan en su ecosistema. Y un dato subjetivo es la majestuosidad que inspiran a los humanos.


Por eso LOT son las dos especies de secuoyas que crecen en la costa oeste de EE UU, el fresno de montaña (Eucalyptus regnans) que crece durante 400 años hasta los 100 o más metros o el Petersianthus quadrialatus, una especie de palo rosa que crece en Filipinas. Pero también son árboles viejos y grandes los abetos de más de 50 metros que hay en el viejísimo bosque de Bialowieza (Polonia) o el baobab africano que en algunas especies alcanza los 30 metros de altura y más de 10 de circunferencia. Casi todos ellos están en retirada.

jueves, 9 de junio de 2016

Vinilos o anillos musicales

Bartholomäus Traubeck, un creativo artista nacido en Alemania en el año 1987, tuvo la idea de volver musical la composición del tronco de un árbol. Interpretar de manera sonora los anillos que lleva esta columna vegetal en su interior.

Su propuesta se materializó en el año 2011, cuando cortando láminas muy delgadas del tronco de un árbol, creó unos discos de madera, los cuales hizo girar en un torna-mesas con una cámara de Playstation Eye en el lugar de la púa.


Paso siguiente, almacenó los datos tomados con el tocadiscos en su computadora y luego usando una aplicación de Ableton Live con la cual se le asigna cierto sonido a la información ingresada, tradujo los datos obtenidos de las rodajas de árbol en una hipnótica melodía de piano.

De esta manera, Traubeck convirtió algo físico en sonido, ofreciéndonos de alguna manera, poder escuchar cómo es el paso del tiempo en la vida de un árbol.
YEARS de Bartholomäus Traubeck en Vimeo.

martes, 31 de mayo de 2016

Vivir rodeados de árboles protectores

Precioso diseño que viene a revolucionar la forma en la que construimos nuestras ciudades. 

Parece un pequeño bosque vertical, pero en realidad es un apartamento de 5 pisos camuflado entre plantas y ramas en Turín, Italia. Diseñado por Luciano Pia, el edificio llamado 25 Verde trae las plantas desde el piso en un intento de evadir la homogénea escena urbana de la ciudad e integrar la naturaleza en la fachada arquitectónica.

La estructura ondulante contiene alrededor de 150 árboles que absorben cerca de 200.000 litros de dióxido de carbono en una hora. De esta forma protege a sus residentes de la contaminación en el aire y los ayuda a evitar los gases dañinos provenientes de los coches y otros edificios o el ruido de las ajetreadas calles.

La transformación de los árboles en las diferentes estaciones del año también crean un micro clima ideal dentro del edificio, regulando las temperaturas extremas en los meses de mucho frío o calor –el follaje de los árboles bloquea los rayos de sol y crea sombra en el verano y para el invierno deja que ingrese la cálida luz–.

El edificio alberga 63 unidades o pisos y cada uno de ellos se beneficia de las terrazas, ventanales y vegetación. Además cada especie de planta fue seleccionada con un propósito para proveer la mayor cantidad de color, follaje y flores posibles.

Autor: arquitecto Luciano Pia