lunes, 1 de febrero de 2021

Matorrales, la vegetación más despreciada también la más importante

En la Naturaleza todo es importante. 

Desde el más colosal de los árboles y hasta el más modesto de los líquenes, todos los habitantes de nuestros campos cumplen un papel absolutamente indispensable en la conservación de los ecosistemas. Con la pérdida de cualquiera de ellos, la red de la vida pierde un eslabón con insospechadas conexiones con el resto de los protagonistas de los paisajes.
De todas las formaciones vegetales, sin duda alguna, la más vilipendiada e infravalorada es el matorral. En demasiadas ocasiones, considerados irreflexivamente como “malas hierbas”, maleza o directamente suciedad, los arbustos y los árboles de escaso porte son una de las columnas vertebrales que sostienen y enriquecen la asombrosa biodiversidad del planeta.
¿Por qué son tan extraordinariamente importantes los matorrales en la salud y conservación de nuestros ecosistemas? Os daremos 10 argumentos que consideramos de extremo valor para cuidar y admirar a esta generosa y maltratada formación vegetal:
1. En plena sequía los matorrales son las mejores “redes de lluvia”. En este 2017 de sequía de record, el matorral de las montañas nos regala una buena parte de las aguas que los suelos están guardando como un tesoro para nutrir a nuestros ríos. La intrincada maraña de hojas y ramas se comporta como núcleos de condensación que permiten atrapar las minúsculas y dispersas gotas de vapor de agua que de otro modo no llegarían a precipitar. Como si se tratara de la mágica labor de un alquimista, las gotas recién formadas sobre el follaje escurren hasta alcanzar el suelo como una autentica y delicada lluvia. Al mismo tiempo, el suelo mullido y cohesionado con la red de sus raíces y el colchón orgánico de hojas y ramas caídas año tras año, almacena esta lluvia de gotas para irlas liberando, con paciencia y extremo cuidado, hasta alimentar los manantiales y pequeños arroyos de cabecera de nuestros ríos. Así de simple y rotundo: arrancar o quemar el matorral supone disponer de menos agua en nuestros ríos, cultivos y hogares.
2. El matorral es el hogar protector del futuro bosque. La espesura del matorral crea las condiciones idóneas de humedad, sombra y aporte de nutrientes al suelo que innumerables especies de árboles requieren, muy especialmente, en sus primeras fases de desarrollo. En un clima seco y cálido como el de la mayor parte de Iberia y todo el sur de Europa, los arbustos se comportan como autenticas nodrizas de la mayoría de los árboles. Particularmente trascendental es su labor con las especies más sensibles al calor, la sequía y la insolación directa. En las sierras de Salamanca, tejos y acebos necesitan el cobijo de brezos, piornos y retamas para no ser, literalmente, abrasados por los rayos del sol. Sin la copa protectora de esta maraña, hace tiempo que habríamos perdido a estas dos joyas botánicas amantes de los climas más frescos y húmedos.

3. El más confortable de los refugios invernales: erizos, lagartijas y lagartos, culebras, eslizones, incontables insectos, corzos, ciervos, jabalíes, zorros, liebres, lobos…y ¡suelos!, necesitan del cálido abrigo del matorral. Su techumbre ofrece el más seguro y cálido refugio invernal frente al azote del viento, los hielos, nieves y las miradas. El suave y oculto microclima creado dentro del laberinto de sus cepas retorcidas, hojas y ramas, proporciona a animales y plantas la protección que requieren para superar la dura prueba de los largos meses de frío y escasez. Todos deben al abrigo del matorral una buena parte de sus posibilidades de superar con éxito el invierno.

sábado, 16 de enero de 2021

¿El botellón puede matar un árbol?

Especialistas alertan de que al menos ocho ejemplares corren peligro por la orina concentrada y «daños mecánicos»


Que un jardín urbano se convierta en un botellódromo nunca es una buena noticia. Para las especies que lo habitan, pero también para la ciudad que lo acoge. Pierde belleza, biodiversidad y calidad ambiental. En el 2012 los peores presagios se cumplieron en A Coruña. Uno de los magnolios más emblemáticos del espacio inaugurado a mediados del siglo XIX, y dedicado al héroe pontevedrés de la Primera Guerra del Pacífico, cayó por culpa de las altas concentraciones de urea. «Ahora hay al menos ocho árboles en peligro. La mayoría son centenarios, incluidos un magnolio, un tejo y un haya», alerta la especialista en botánica y estudiosa del espacio Sonia Cajade Frías.

Los árboles robustos y centenarios que habitan Méndez Núñez están preparados para las inclemencias temporales pero no para las humanas.  Entonces, ¿puede morir un árbol por los orines?

«As urinas cambian o PH do chan e son un aporte extra de materia nitroxenada. Así como hai vexetais nitrófilos aos que lles gusta o nitróxeno que contén a urina -as ortigas ou as plantas que viven preto de zonas onde aniñan aves mariñas-, outras non toleran eses niveis altos», constata el profesor de la Facultade de Bioloxía. No todas las especies reaccionan de la misma forma. «As grandes árbores forestais non son nitrófilas», destaca Pimentel. Es el caso de buena parte de los ejemplares de Méndez Núñez. «A acumulación de materia orgánica e os danos mecánicos tamén lles afectan», añade el docente.

Los años les dan fuerza a algunas especies como los tejos, pero se las quitan a otras, como a los frutales. «Dos olmos, tres magnolios y un pino murieron en los últimos años. Algunos árboles incluso amanecen con pintadas», lamenta Sonia Cajade. Un acto tan común e inofensivo a los ojos de muchos jóvenes como grabar con una navaja unas letras en un árbol lo hace más vulnerable ante las plagas o los hongos. Baja su defensa frente a los patógenos. La protección, la prohibición y, también, la educación son esenciales para evitar estos ataques.

jueves, 26 de marzo de 2020

Un vándalo destroza el árbol más emblemático de Nueva Zelanda

Un acto vandálico realizado con una sierra se ha llevado por delante el árbol más fotografiado y emblemático de Nueva Zelanda.
Conocido como 'The Wanaka Tree', pertenece a la familia del Salix fragilis, es un sauce que normalmente se desarrolla en las riberas fluviales, pero su insólita ubicación lo ha convertido en una de imágenes las importantes de Nueva Zelanda. Ubicado en el parque Te Wahipounamu, pertenece incluso al Patrimonio de la Humanidad del UNESCO.
Sin embargo, ahora no es noticia por sus decenas de visitantes que acuden a observar la imagen que proyecta, sino por haber sido víctima de los actos realizados por una o varias personas, lo que ha provocado la indignación de todo e planeta, según indica el portal Stuff
Hace unos días, la fotógrafa Luisa Apanui, realizó unas fotografías desgarradoras donde se observa el antes y el después del árbol, que muestra cómo le fueron cortadas algunas de sus ramas.

"El árbol de Wanaka... ¡dañado! Alguien destruyó nuestro hermoso icono de Wanaka y es simplemente desgarrador ¿Quién hizo esto y POR QUÉ? Ya tenemos suficientes noticias negativas en este momento. Qué pena todo. La famosa rama inferior que colgaba horizontalmente sobre el agua y que era realmente pintoresca se ha ido", escribió en el post, acompañándolo de tristes imágenes de este icono de Nueva Zelanda.                             Fuente: 20 Minutos

miércoles, 18 de marzo de 2020

La simbiosis entre microorganismos y árboles influye en el clima

Los hongos y las bacterias del suelo conectan los árboles entre sí y tejen una red mundial que ejerce un papel clave en la regulación del clima.
Sin microorganismos, no habría bosques. De hecho, los árboles sacan provecho de los beneficios que les proporcionan los hongos y las bacterias con los que están estrechamente asociados. Con las numerosas ramificaciones de sus filamentos (las hifas), los hongos exploran un volumen mucho mayor de suelo que las raíces del árbol por sí solas, y transfieren agua y sales minerales al árbol. Estas hifas también permitirían a los árboles comunicarse entre sí, hasta el punto de que algunos no dudan en hablar de una red global de comunicación entre árboles, la «Wood Wide Web». Un equipo internacional dirigido por Brian Steidinger, de la Universidad Stanford, ha realizado un estudio global sobre las relaciones simbióticas entre los árboles y sus microorganismos, hongos micorrícicos y bacterias fijadoras de nitrógeno.

A partir de los datos de la Iniciativa de la Biodiversidad Forestal Mundial, los autores incluyeron en su análisis 31 millones de árboles de 28.000 especies, distribuidos en más de 70 países de todos los continentes (excepto la Antártida). Se ha observado que el tipo de micorrizas (las hifas de los hongos simbióticos) depende del clima. Las ectomicorrizas (las hifas que simplemente rodean las raíces del árbol) son notablemente más abundantes en las regiones templadas y frías, mientras que las endomicorrizas (las que penetran en las raíces) predominan en los bosques tropicales. Sin embargo, con las primeras (que establecen simbiosis con el 60 por ciento de los árboles del mundo y solo el 2 por ciento de las especies), el secuestro de carbono en el suelo es más importante, gracias a los compuestos secundarios que inhiben la degradación de la materia orgánica. La transición geográfica entre los dos tipos simbiosis es clara.

Los autores del estudio prevén que, como consecuencia del calentamiento del plantea, se producirá una disminución del 10 por ciento en los hongos ectomicorrícicos y los árboles con los que se asocian. La repercusión que ello tendrá será un nuevo aumento del carbono atmosférico. Los proyectos de reforestación, incluidos los del Programa de las Naciones Unidas para el Ambiente, deberán tener en cuenta estos datos a la hora elegir los árboles adecuados.
Fuente: «Climatic controls of decomposition drive the global biogeography of forest-tree symbioses». B. S. Steidinger et al. en Nature, vol. 569, págs. 404-408, mayo de 2019.

jueves, 20 de febrero de 2020

Las provincias españolas con más (y con menos) árboles


España es el segundo país europeo con mayor superficie forestal: 7.500 millones de árboles, solo por detrás de Suecia. Una superficie que, además y contra toda previsión agorera, ha aumentado un 31% en la última década, según los datos del Inventario Forestal Nacional, que elabora el INE desde hace 50 años*.
Las tres provincias españolas con más árboles en su territorio tienen en común compartir la cordillera de los PirineosLérida, con 324 millones; Huesca, con 320 millones y Gerona, 283 millones. Navarra, la cuarta provincia pirenaica, también tiene abundancia de copas (240 millones) pero está por detrás de provincias como Burgos (262), Salamanca (250), Albacete (252) o incluso Barcelona (256).
En el otro extremo de la balanza está Las Palmas, la provincia oriental de las Canarias, compuesta de las islas de Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura, con apenas 4,4 millones de árboles y el ratio más bajo de árboles por habitante de toda la nación: apenas 4 por cada habitante. Las otras provincias menos arboladas son Sevilla y Alicante (31 millones cada una), Valladolid (33 millones) y Cádiz (38 millones).
Cuadro elaborado por Cadena SER.
En lo que concierne a árboles per capita, Soria es, con diferencia, la provincia más pródiga: cada soriano "tiene" 2.444 árboles, 600 veces más que los naturales de Las Palmas, con poco más de 4 árboles por cabeza.
La especie arbórea más abundante de España es la encina, que representa un 20% de la masa forestal del país seguido por el alcornoque (15%) y el pino carrasco (11,3%), si bien este último parece estar en retroceso ante la pujanza de la encina, según el CREAF (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales).                                        Fuente: Público