Tradicionalmente, en el taoísmo y en multitud de culturas, los árboles
son considerados como el eje vertical de toda la vida en la tierra.
Sensibilizarnos con esa energía, despertar nuestro cuerpo y nuestra
conciencia hacia ellos es un aprendizaje y una práctica sanadora que nos
lleva a encontrarnos con nuestra energía primigenia y nos conecta con
una sensación vibrante de limpieza interna.
Muchos de los trastornos de los seres humanos que viven en ciudades desaparecerían con un simple paseo por la naturaleza.
Antiguamente se creía que cada árbol poseía un espíritu propio con una
energía especial que es capaz de transmitir a su alrededor y las
personas buscaban esta energía para lograr el equilibrio. Los beneficios
de abrazarse a un árbol son incontables, misteriosos pero fáciles de
verificar si les prestamos atención, si los observamos y nos comunicamos
con ellos mirándolos, en silencio.
Nos cargan de buenas vibraciones y nos dan su energía de manera natural. Los árboles
nos ayudan a establecer contacto con el poder de la naturaleza de
manera fácil y bella, nos relajan y nos llenan de una energía pura. 















